Los sindicatos ante los retos tecnológicos

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Fase 1  ·  Fase 2


Los sindicatos ante los retos tecnológicos

 

Los sindicatos han estado protegiendo los derechos de los trabajadores desde hace siglos. Es gracias a la negociación colectiva y las protestas de los trabajadores que muchos disfrutan hoy el derecho a reclamar aumentos salariales, acceder a servicios de salud y mejorar las condiciones de trabajo, por ejemplo. Pero los sindicatos en los países desarrollados operan hoy en un mundo “fracturado”. La disminución de la afiliación sindical, la creciente heterogeneidad en las relaciones laborales entre los países y el debilitamiento de la negociación colectiva han comprometido la dimensión de las relaciones laborales del Modelo Social Europeo y han conducido a una mayor desigualdad y menor solidaridad.

Además, la posibilidad de que los robots sustituyan a la fuerza de trabajo humana lleva décadas alimentando utopías y distopias relativamente lejanas. Con el avance de la automatización y la inteligencia artificial, y su entrada progresiva en espacios domésticos y de trabajo, esta posibilidad parece cada vez más real, y el run-run de voces tanto de fascinación como de alarma por su impacto en el trabajo se ha intensificado.

Las voces que auguran la desaparición de más del 80% de los trabajos no cualificados y más del 30% de los de cuello blanco en las sociedades avanzadas debido a la automatización deben sin duda tenerse en cuenta. Pero sin olvidar que el trabajo sigue siendo la base de la organización social moderna, y el salario, aunque se cobre via app y en la más absoluta precariedad de la gig economy, es la única forma de sustento de la mayoría de la población. Así pues, aunque emergen nuevos retos y dinámicas, también se mantienen elementos importantes. Un buen diagnóstico de los elementos de continuidad y cambio, entender qué es nuevo y qué no, es clave para la comprensión de los retos del presente y del futuro. Abordar el impacto de la digitalización, la automatización y la inteligencia artificial en el mundo del trabajo requiere, primero, de un ejercicio de aclaración de conceptos y de realismo en las hojas de ruta posibles, tan a menudo contaminadas de tecno-optimismo.

Ante retos crecientes como la digitalización, la automatización, la inteligencia artificial o la externalización a través de plataformas de trabajo remoto, el propósito y la utilidad de los sindicatos están siendo cuestionados. ¿Pueden los trabajadores organizados ser efectivos en un momento en que el trabajo se transfiere a las máquinas? ¿Qué derechos tienen los trabajadores cuando la eficiencia de los robots supera a los humanos? ¿Los derechos de los trabajadores importarán cuando ya no le quede trabajo a la gente?

 

OBJETIVOS DEL PROYECTO

 

– Revisar y sistematizar la literatura existente, tanto académica como no académica, sobre los desafíos que la tecnología aporta al movimiento sindical y al mundo del trabajo

– Estudiar y categorizar los desafíos (organización interna y estructura, comunicación, interlocución, etc.) que la automatización está creando para las organizaciones e trabajadores

– Identificar casos en los que los sindicatos están logrando proteger los derechos laborales en nuevos contextos

– Elaborar, conjuntamente con las organizaciones sindicales, propuestas para la mejora de las categorías identificadas

– Difundir los resultados a públicos tanto experto como general

 


FUNDAMENTACIÓN

 

A modo preliminar, hemos identificado tres grandes temas alrededor de los que sistematizar los retos del mundo del trabajo relacionados con la tecnología, y que nos sirven como punto de partida del proyecto:

b1. El trabajo ante la extinción de la distancia

Algunos de los conceptos que se manejan como nuevos o innovadores son en realidad ya antiguos: la capacidad de las máquinas para realizar trabajos y o bien sustituir a la mano de obra humana o bien hacer posibles nuevas cosas (por fuerza, rapidez, resistencia, etc.) se remonta a la revolución industrial. Los ‘robots’ (entendidos como ensamblajes técnicos) y los humanos hace tiempo que colaboramos en entornos laborales, y una parte importante de la Revolución Industrial se basó precisamente en la incorporación de medios técnicos que permitían procesos de trabajo en serie y una producción en masa hasta entonces impensable.

Esa primera Revolución Industrial, no obstante, tuvo un impacto sobre la fuerza de trabajo que facilitó su organización y defensa. El fordismo y el taylorismo, al juntar grandes masas de trabajadoras y trabajadores en un mismo espacio, favorecieron también la aparición del sindicalismo moderno, basado sobre todo en la organización a pie de fábrica.Hoy, la evolución de nuestras capacidades técnicas lleva a un escenario contrario: las tecnologías actuales, tanto de producción como de comunicación y transporte, hacen posible el trabajo en redes descentralizadas en las que el factor distancia es irrelevante. Es lo que algunos han llamado ‘taylorismo digital’, donde las diferentes partes del proceso de producción no sólo se estandarizan y mecanizan, sino que son a menudo externalizadas hacia lugares más o menos lejanos a través de medios técnicos y tecnológicos, y esos mismos medios de externalización realizan un rol de control de los procesos y tiempos de trabajo.

El primer cambio real con el que nos enfrentamos fruto de la innovación tecnológica, pues, es la progresiva reducción de las formas de trabajo que unen físicamente a las trabajadoras y trabajadores. La tecnología del siglo XXI favorece la desaparición de la distancia y del lugar de trabajo como un espacio físico y de concentración de fuerza de trabajo. El impacto de este elemento sobre las formas de organización sindical es profundo y socaba las bases del sindicalismo moderno, con lo que exige repensar tanto prácticas como estrategias.

 

b2. La plataformización

Muchos servicios innovadores basados en la tecnología basan su contribución en la eliminación de los intermediarios y la ‘colaboración’ entre iguales. A través de plataformas y apps, estos nuevos servicios aumentan su eficiencia y reducen costes facilitando el intercambio entre iguales y la movilización como activos de recursos que hasta ahora no cumplían esa función (el caso de los coches en Uber y de las casas en Airbnb, para mencionar sólo un par de ejemplos). Estos modelos de negocio basados en la creación de plataformas (espacios de relación que no aportan activos, sino que movilizan activos ajenos) entraron ya hace tiempo también a la movilización de activos en forma de fuerza de trabajo. Así, actualmente decenas de plataformas (UpWork, Freelancer, Fiverr, etc.) ofrecen la posibilidad de contratar horas de trabajadores de cualquier lugar del mundo, trabajadores que deben competir con otros para conseguir contratos y cuyo marco de relaciones laborales o jurisdicción no están claros. Amazon ha sido la encargada de llevar este modelo al extremo al unir el modelo de plataforma con el taylorismo digital en la creación de Mechanical Turk (MTurk), un market place para las tareas rutinarias que requieren de ‘inteligencia humana’ que permite a las empresas acceder a fuerza de trabajo barata y deslocalizada que se gana la vida dándole al teclado –los llamados clickworkers. Otras plataformas, buscando modelos de negocio en los que el territorio y la proximidad aportan valor, han aplicado la misma lógica para la distribución local de mercancías, movilizando en este caso la fuerza física de repartidores. Dedos que hacen clic, piernas que reparten, coches, casas, ropa… todo es potencialmente comprable y vendible a través de plataformas que unen oferta con demanda.

b3. Los datos en el trabajo y como trabajo

En este contexto emerge otro elemento innovador relevante: la movilización de colaboraciones a priori voluntarias o no mercantiles que aportando datos generan valor a terceros, en dinámicas de ‘multitudes’ colaborativas (crowds) más o menos explícitas. Actualmente muchas relaciones de colaboración recaban datos personales, y a menudo éstos se ofrecen en paquete a data brokers que basan su modelo de negocio en la generación de perfiles que tienen valor comercial puesto que permiten a proveedores de servicios ofrecer productos (marketing) más ajustados al 

cliente potencial. Así, saber el estatus socio-económico, situación familiar o preferencias de un individuo gracias a los datos generados por éste o por su entorno en su interacción con redes sociales, programas de fidelización, uso de apps o de dispositivos inteligentes (smart) puede mejorar las tasas de éxito y los márgenes de beneficio de empresas de seguros, productos o servicios. Aunque estos datos no constituyen trabajo, sí son un producto generado por personas, y a menudo en entornos laborales.

Adicionalmente, estos datos que se intercambian a menudo de formas opacas pueden afectar a la empleabilidad de determinadas personas, revelando estados médicos sensibles de forma incontrolable o poniendo a disposición de terceros información sobre desempeños laborales pasados y/o datos vinculados a rankings de reputación. La existencia de servicio

s opacos y sujetos a pago que pueden revelar opiniones de antiguos empleadores en las plataformas de contratación tipo LinkedIn, o el uso e impacto de rankings de reputación generados en empleos o trabajos pasados son elementos que requieren de un cuidadoso debate para establecer cuáles deben ser sus límites y definir los mecanismos de disputa de los perfiles generados en base a aportaciones de datos pasadas.

 

b4. Tecnología y control

Uno de los aspectos del impacto de la tecnología que más se ha abordado hasta ahora en el ámbito sindical es el del impacto de las tecnologías de seguimiento y control (tracking) en las trabajadoras y trabajadores. Los sindicatos han luchado para que en este contexto de extinción de la distancia y flexibilidad de las relaciones laborales las tecnologías no amplíen la jornada laboral y la conviertan en algo portable, y se ha avanzado en la regulación tanto de la privacidad de los empleados y sus comunicaciones como de los límites a la atención a los dispositivos de trabajo fuera del horario laboral.

La próxima fase en el desarrollo e implementación de nuevas tecnologías amplia los retos al incorporar en el día a día laboral datos personales sensibles (biometría), intensificar el tracking durante la jornada laboral (seguimiento por GPS de posición y movimiento, exoesqueletos, etc.) e incorporar la automatización de decisiones mediante algoritmos. Muchos sectores incorporan ya elementos de decisión algorítmica en sus procesos de contratación, despido y restructuración. Estos sistemas, que prometen mejorar la eficiencia y la flexibilidad, intensifican también el control de las trabajadoras y trabajadores, que a menudo no saben cuándo ni cómo están siendo controlados y evaluados, ni por qué se les contrata o se les despide. Además, estos nuevos procesos alteran las formas de negociación colectiva tradicionales y desequilibran la relación entre empleados y empleadores, ya que la supuesta neutralidad de la tecnología permite una mayor opacidad en la toma de decisiones y su justificación en términos técnicos.

 

b5. Viejos y nuevos trabajos

En este escenario de potencialidades y riesgos, es evidente que habrá trabajos y habilidades que se irán haciendo redundantes, otras que tomarán más relevancia y otras que emergerán como verdaderas innovaciones. Pero también en este ámbito prolifera el tecno-optimismo y las afirmaciones categóricas con más o menos fundamento. Teniendo esta en cuenta, es necesario elaborar hojas de ruta realistas que permitan afrontar los retos de las nuevas realidades socio- técnicas que nos rodean y nos rodearán. En cuanto al trabajo, existen al menos cuatro dinámicas, que a veces pueden solaparse: habrá trabajos que desaparecerán, trabajos que emergerán, trabajos que se desplazarán y trabajos que cambiarán. En realidad, todos los empleos requieren ya algún tipo de interacción socio-técnica, y eso implica nuevas habilidades, expectativas y condiciones laborales, además de la incorporación de elementos de decisión algorítmica difíciles de auditar. A los retos formativos se les suma pues la necesidad de adecuar marcos legales y convenios a la nueva realidad socio-técnica del trabajo.

 


 

La urgencia de la investigación

 

Es urgente, pues, evaluar el impacto de los nuevos y viejos procesos tecnológicos en todos los sectores laborales y definir estrategias a largo plazo que permitan identificar y mitigar efectos negativos. Por otra parte, es importante definir donde deben estar los límites y qué es y qué no es aceptable en las prácticas tecnológicas actuales, generando recomendaciones específicas que ayuden a empleadores y desarrolladores a crear soluciones y especificaciones técnicas en línea con los marcos laborales actuales.

Existen indicios de que los sindicatos se toman esto en serio: algunos han empezado a organizar a los trabajadores informales y autónomos y se han logrado avances sustanciales tanto en la prestación de servicios como en la creación de nuevas iniciativas (IG Metal, por ejemplo, proporciona un lugar virtual llamado faircrowdwork para sus trabajadores freelance; el Sindicato de Radiodifusión, Entretenimiento, Cinematografía y Teatro del Reino Unido representa tanto a los empleados como a los trabajadores autónomos del sector; en los Estados Unidos el sindicato de trabajadores independientes ha firmado recientemente un acuerdo con Uber). No obstante, las formas de organización de estos sectores son aun precarias, y sus estrategias relativamente primitivas e improvisadas (cajas de resistencia, escraches, etc.). También en España han existido esfuerzos exitosos de regular el uso de las tecnologías en el mundo de trabajo, incluyendo la desconexión digital en algunos convenios o consiguiendo el reconocimiento de la relación laboral entre plataformas y falsos autónomos.

En relación con la automatización, aunque no existe aún ninguna investigación empírica que proporcione una imagen general y homogénea de cómo los sindicatos de todo el mundo se están preparando para ella, existen ejemplos de sindicatos que intentan mantenerse al día de estos cambios (la Federación Italiana de Metalúrgicos realizó recientemente un estudio sobre la automatización y su impacto en los sistemas de producción y el papel de los sindicatos, por ejemplo).

A pesar de estas iniciativas, muchas organizaciones sindicales se debaten entre la incomprensión y la inercia, renunciando a contribuir o liderar la conceptualización y respuesta a estos retos. La digitalización, la automatización y la inteligencia artificial obligan a repensar procesos internos (diseñados hasta hoy para una organización territorial y presencial cada vez es menos hegemónica), a ampliar reivindicaciones (para incluir la privacidad, entre otros), a ampliar capacidades técnicas (creando espacios de relación y defensa virtuales, creando tecnologías de defensa de derechos), a desarrollar diagnósticos y agendas tecnológicas propias (que establezcan límites y estándares también en especificaciones técnicas) y a repensar la propuesta de programa social del sindicalismo para incluir la redistribución y el sistema impositivo en un mundo globalizado y robotizado, o la formación y la brecha de género en los trabajos técnicos.

Este proyecto pretende crear herramientas para que estas organizaciones, así como la sociedad, estén mejor preparadas para abordar los retos mencionados.

La realización de este estudio es posible gracias al Programa de Innovación Abierta (PIA) de la Fundación Cotec, y cuenta con el apoyo del Trade Union Institute y de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO.

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